mcllroy
(Noticia extraída de http://www.elmundo.es 05/03/2012 – texto: Mario Díaz – foto:AFP)

* Se impuso en el Honda Classic con dos golpes de renta sobre Tiger Woods
* El californiano firmó la mejor tarjeta del día con dos eagles (62 golpes)
* A partir del lunes, McIlroy comandará el ránking mundial con sólo 22 años

¿Quién te ha visto y quién te ve? Qué diferencia entre aquel joven barbilampiño y desgarbado que tiró el Masters de Augusta y este joven imberbe y aún desgarbado que ha manejado con puño de hierro el Honda Classic para conseguir lo único que verdaderamente importa. Rory McIlroy, a sus 22 años, ya es número uno del mundo. Perdió la primera oportunidad en el Accenture Match Play, a la segunda no falló pese a que Tiger Woods puso todo de su parte para impedir el cambio de ciclo, el comienzo de una nueva era.

De rojo brillante, como en los buenos tiempos, Tiger Woods, sin hacer ruido, sin molestar demasiado a las cámaras, más pendientes del último encuentro, de la nueva estrella. Poco a poco, el californiano fue sumando aciertos. Empezó con un eagle en el hoyo y terminó con otro en el 18. Entre medias, cuatro birdies y ni un sólo error. 62 golpes al final del día, a sólo uno del récord del PGA National que Brian Harman estableció el viernes. Y con todo su mejor vuelta como profesional en el PGA Tour.

Sacó el puño. Dos veces. Y el rugido de Woods y del público tuvo que llegar hasta el green del hoyo 13. Ahí maquillaba Rory McIlroy los números del leaderboard. Después de llegar a una renta de cuatro golpes cuando el entonces segundo clasificado, Tom Gillis, se quedaba en menos ocho, había llegado a estrechar la diferencia a sólo dos golpes. Tanta presión o más que en aquella última jornada en el Augusta National. Tanta o más que en el US Open del Congressional Country Club. Aunque con matices.

Desde el pasado US PGA, el último grande de 2011, el norirlandés sólo ha perdido el top-ten de los seis torneos que ha disputado en una ocasión. ¡Y fue undécimo! El plomo con el que Rors se desenvuelve en el campo, la seguridad que transpira por todos los poros, la forma en que, con 22 años, caminó por los primeros nueve hoyos del PGA National sin dar una sola concesión a sus rivales (ocho pares, un birdie). Todo suma en el camino hacia el número uno, hacia la cima, especialmente cuando el líder en la casa club es Tiger Woods.

Con el que fuera rey del golf durante una eternidad afilando las garras mientras esperaba la evolución del llamado a sucederlo en su paso por el ‘Bear Trap’, los mismos tres hoyos en los que McIlroy salió con más seis la pasada temporada (15, 16 y 17), el norirlandés calmó los nervios, desabrochó otro botón más de su polo y se puso el mono de faena. Una cosa es pelear con Tom Gillis o Harris English, sus compañeros de partido, y otra bien diferente es hacerlo con Tiger Woods, incluso únicamente con su sombra.

Al búnker en la salida del 15. Al búnker en la salida del 17. Siempre jugueteando con la cruz que colgaba de la cadena de su cuello. Síntomas de un nerviosismo insuficiente para evitar lo inevitable, para impedir el comienzo de una nueva era, la ‘era McIlroy’. Un tiempo al que Tiger Woods no está invitado. O sí.