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Fuente: Diario ABC

La doctora Pilar Sánchez Burón es pediatra del centro de Salud de Rivas Vaciamadrid y una golfista convencida. Conoció este deporte hace doce años, cuando acudió al campo santanderino de Mataleñas acompañando a unos amigos y le picó el gusanillo. “Tal fue el entusiasmo, que a la vuelta a Madrid empezamos a tomar clases mi pareja y yo y ya no lo hemos dejado”, reconoce. Ese interés se lo han transmitido a su hija, que a sus ocho años ahora juega también con ellos. “Para nosotros es importante jugar al golf en familia, ya que es una parte importante de nuestro ocio y ocupa de cuatro a cinco horas. Además, ella lo ha visto como una cosa natural, puesto que yo jugué durante todo el embarazo, hasta el octavo mes. Siempre ha venido con nosotros y desde hace dos años recibe clases colectivas, en verano va a campamentos de golf y ahora está empezando a jugar los pares 3”.

Como médico especializada en niños, Sánchez Burón considera imprescindible la actividad física para un desarrollo saludable y, para ello, el golf es un perfecto aliado. “Mejora la coordinación psicomotriz, la percepción espacial, aumenta la flexibilidad, la potencia muscular, el equilibrio… -puntualiza- y sobre todo minimiza el riesgo de obesidad, una patología muy prevalente en nuestra sociedad. Durante 18 hoyos puedes caminar 6 ó 7 kilómetros y está descrito como uno de los deportes que mejor toleran los niños con asma de esfuerzo. No es agresivo físicamente y al estar en la naturaleza estás respirando el aire puro. A largo plazo, está demostrado que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, osteoporosis o hipertensión”.

Si importante es vigilar el crecimiento físico de los pequeños, no lo es menos su desarrollo madurativo. “En el golf hay un ejercicio mental muy importante; potencia la concentración y ayuda a la disciplina (saber guardar turnos o permanecer en silencio cuando la situación lo requiere). También estimula la capacidad de análisis, la tolerancia a la frustración cuando los resultados no son buenos y se desarrollan habilidades en la toma de decisiones, pues en cada golpe hay que elegir la opción más acertada para lograr el objetivo. También se potencia la imaginación al tener que ejecutar golpes y salir de situaciones complicadas. No hay muchos deportes tan completos”.

Se sabe que las molestias habituales que pueden venir asociadas al golf, como dolores articulares o sobrecargas lumbares, apenas se dan cuando el jugador comenzó la práctica a una edad temprana. “Los niños interiorizan la técnica del swing de una forma natural, sin querer imprimir ese plus de fuerza y tensión que metemos los adultos, lo que minimiza mucho las lesiones. Asimilan los movimientos globalmente y se les quedan en la memoria de una manera casi inalterable.”