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Arabella Golf Mallorca
fuente: http://www.clubmanagerspain.com

Cuando publicaciones como la prestigiosa revista financiera The Economist dedican a un artículo más de tres mil palabras refiriéndose a un asunto en particular, es hora de mirar en mayor profundidad los detalles. Sobre todo si de lo que hablan es del futuro de la industria del golf.

El artículo publicado el pasado mes de diciembre, reconoce que, aunque la afición al golf sigue creciendo en muchos puntos de Asia, en occidente se encuentra en un punto en el que intenta reinventarse para atraer a una generación centrada en los videojuegos, y que parece apartarse de lo clásico.

Se nos muestra una actualidad en la que el descenso en jugadores en EEUU llegó a alcanzar el 18% en el año 2013 respecto al año 2006, habiendo crecido la población en un 6% durante este mismo periodo de tiempo. Según el artículo, esto contradice las predicciones de expertos que venían anunciando subidas en nuevos adeptos al deporte, en un país en el que en el año 2011 la industria del golf contribuyó con setenta mil millones de dólares, y que sigue siendo la primera economía del golf en el mundo.

Aunque esta cifra no puede ser comparada con los resultados de otros continentes, como Europa, el artículo relata el aumento progresivo de cierre de instalaciones de 18 hoyos en EEUU durante los últimos 8 años, hasta la cifra de 160 campos de golf sólo en el año 2012. Hablamos de un país que cuenta con más de 14.000 campos de golf de estas características.

Esta situación, según la National Golf Foundation, “tardará más diez años en recuperarse”. La industria del diseño y la construcción de campos de golf está también por los suelos. Según Brian Curley, diseñador de campos: “Si el diseño de campos de golf cotizase en bolsa, estaría a un céntimo por acción en este momento”.

La venta de ropa y equipamiento deportivo también muestra sus heridas, según el artículo. El golf profesional es el único sector que se mantiene debido al esfuerzo de los patrocinadores para impactar al espectador de golf de edad media/avanzada, por su nivel adquisitivo.

El Financial Times analiza también lo que llaman “la promesa del este”. Por desgracia parece que el ritmo de crecimiento del sector en China ha decrecido debido a casos de corrupción, en un país donde la construcción de campos privados lleva prohibida desde 1949.

En otros mercados más tradicionales, como Inglaterra, el número de jugadores de una salida semanal ha caído en un 25% desde el año 2007; en Australia ha caído un 20% el cupo general de socios de clubs de golf desde el año 1998, y en Japón la práctica del golf ha caído un 40% desde el año 1990. Solo se hablan de brotes verdes en la República Checa y en Alemania: un alivio ínfimo respecto a la industria en EEUU.

“El placer del golf se ha convertido en su perdición. Sus virtudes mediáticas no satisfacen el ritmo frenético de la vida moderna” – narra el artículo, destacando lo difícil que le resulta al americano actual cuadrar en la agenda una actividad que, además de su dificultad en el aprendizaje, consume en la práctica casi el mismo tiempo para jugar 18 hoyos que para realizar un vuelo transoceánico; o el que consumimos para dormir.

Según el artículo, instituciones como la United Golf Association (USGA) conocen la necesidad que tiene la industria para atraer nuevos jugadores y aficionados, pero también la falta de consenso en cuanto a las diferentes estrategias propuestas hasta la fecha.  “No existe otro deporte con una estructura de gobierno tan fragmentada” – dice Rohan Sajdeh, del Boston Consulting Group – A pesar de ser un deporte en el que los aficionados juegan las mismas reglas que los profesionales, gracias al sistema de hándicaps, no le vendría mal aligerar su carga de ortodoxia para hacerlo más atractivo a los nuevos estilos de vida.

En varios países se fomentan distintas fórmulas para atraer jugadores. Como el “Golf Solitario”, en Japón, que consiste en esperar a que alguien te sume en un partido; o el  “Golf Pantalla”, en Corea, donde los clubs están teniendo éxito con la instalación de simuladores indoor; o el fenómeno “Footgolf”. Algunos promueven incluso hacer hoyos de 35cm para facilitar el juego a los principiantes. Según Pete Bevaqua, de la PGA, “tenemos que ser un poco más tolerantes con los que quieren probar el golf”.

El autor del artículo narra su visita a TopGolf en Dallas, un cruce entre bolera y bar deportivo al aire libre que ya cuenta con 15 establecimientos entre EEUU y Reino Unido. La gente va en grupo, o se cita en el restaurante o en el bar, y prueba suerte tirando bolas de golf con sensores hacia greenes enormes de colores que actúan como dianas. Es una fórmula que parece haber tenido éxito entre el público menor de 40 años, y que no sólo atrae a jugadores de golf, sino al público en general. Sin embargo se apunta a que este modelo quizá sea más un buen negocio como explotación de comida y bebida, más que un centro de desarrollo de nuevos jugadores.